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Tradición Carismática

Tiempo de Lectura: 1 minuto

Este año, por causa del Covid-19, Pentecostés lo celebramos confinados en casa y a través de una reunión por Zoom. Tras el confinamiento, a algunos nos tocaba adentrarnos más en la tradición carismática: la vida poderosa en el Espíritu Santo. Jesús es quien nos mostró en que consiste vivir bajo la guía y el poder del Espíritu.

El Espíritu Santo no solo guío a Jesús al desierto, también lo capacitó para una vida llena de poder que desafía nuestro pensamiento occidental naturalista y materialista.

En el encuentro nos adentramos en el fruto del Espíritu y después hablamos sobre los dones, tanto los más aceptados como los más sobrenaturales y controvertidos. Abrirnos a la vida poderosa en el Espíritu implica un reto importante como occidentales, a la vez también implica mantener un equilibrio sano ante aspectos como los procesos de crecimiento y el sufrimiento.

Hemos visto ejemplos de como vivir cerrado a lo sobrenatural, y también de como despreciar los procesos de crecimiento en pos de un remedio fácil ante cada problema. Somos conscientes de que nos toca mantener el equilibrio en una corriente tan necesaria en nuestros días.

El Espíritu de Dios es quien trae vida a la iglesia. Sin su fruto, acabamos poniendo cargas pesadas que ni nosotros somos capaces de llevar. Sin su guía nos perdemos del Camino. Sin su poder, no vemos libertad y transformación. Es por ello que adentrarnos en esta corriente implica que no dejemos de clamar diciendo:

“¡Ven Espíritu de Dios, sopla sobre nosotros!”

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